Se decidió un día
que el amor iba a ser frágil;
el barro, del que salió todo
le encargó a la primavera
la tarea de ponerlo sobre cuatro columnas,
alto, delicado, difícil,
para que todo aquel que lo probase
tuviera vértigo.
Y por tanto, un oscuro deseo de destrucción,
una atracción por el abismo
se hace hueco como una estaca
clavada en nuestra entraña.
Sólo los ciegos viven arriba,
sólo los ciegos lograron sacarse la estaca,
sólo ellos no piensan nunca en la caída,
sólo ellos son felices allá.
El resto, tristes,
tenemos miedo al vacío y
con el tiempo,
vamos acercando nuestros pies
al infinito escalón,
hasta que un día
perdemos el borde y
tropezamos,
caemos,
llegamos al suelo,
y esa es nuestra triste verdad.
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